Esta idea sigue estando muy arraigada a nuestra cultura; durante años, se ha seguido manteniendo el paradigma conductista que solo se centra en lo observable y omite lo que sucede en el cerebro.
Actualmente, y gracias a la Neurociencia, sabemos que el control de esfínteres depende de la maduración del sistema nervioso y de la musculatura del niño o niña. Existen tres leyes del neurodesarrollo que se deben dar para controlar los esfínteres; son las siguientes:
Porque requiere que la corteza cerebral (que decide e inhibe) tome el mando sobre el sistema límbico (emociones). Si forzamos este hito antes de que exista la Integración Jerárquica, no estamos logrando maduración, sino un desajuste biológico que puede derivar en estreñimiento psicógeno (retención por miedo o presión).
Un padre sienta a su hijo en el orinal cada 10 minutos para que en alguno de esos intentos haya suerte y el niño haga pipi o caca "donde toca". Cuando sale algo ,el padre de pone muy contento y felicita al niño por lo sucedido.
¿Realmente el niño ha aprendido a controlar esfínteres?
Evidentemente no. Como nos comenta Laura Estremera, el control de esfínteres consiste en la capacidad de retener el pipi y la caca de manera voluntaria, el niño, al sentarlo cada 10 minutos en el orinal , ha tenido "suerte" una de esas veces y ha hecho pipi o caca.
Por tanto, el control de esfínteres se aprende de manera paulatina siempre y cuando el sistema nervioso y muscular haya madurado para tal fin.


