Este mito se basa en un conductismo mal aplicado que ignora la arquitectura del cerebro infantil. Cuando un bebé llora y no es atendido, su amígdala se hiperactiva, liberando niveles tóxicos de cortisol. Si el bebé deja de llorar, no es porque haya "aprendido" a calmarse, sino por un mecanismo de supervivencia llamado "indefensión aprendida" o colapso, donde el cerebro se apaga para ahorrar energía.
Te han dicho que si lo coges lo malcrías, o que tiene que aprender a autogestionarse. Pero un bebé de meses no tiene la estructura cerebral para regularse. Ignorar su llanto es como apagar la alarma de incendios mientras el fuego sigue ardiendo. Atenderlo es darle la herramienta más potente para que, en unos años, sí sepa calmarse solo.

El llanto es el único lenguaje del bebé para comunicar necesidades.

El cuidador debe actuar como la "corteza prefrontal externa" del niño.