
El control cefálico (o sostén de la cabeza) es uno de los primeros hitos motores gruesos. Involucra la musculatura del cuello y la espalda, que son la base para el futuro gateo y sedestación. Se trata de un hito natural que surge de la maduración neurológica y la libertad de movimiento y supone la capacidad de coordinar la vista con el movimiento
El bebé comienza a girar la cabeza lateralmente desde el nacimiento. Hacia los 2 o 3 meses aproximadamente, el bebé logra un control estable en el plano horizontal y empieza a levantar la cabeza de forma voluntaria cuando está boca arriba para observar su entorno.
El bebé, por iniciativa propia, gira la cabeza suavemente de un lado a otro para seguir el movimiento. No hay sacudidas ni rigidez. Según Pikler, este es el control más puro: el bebé domina los músculos del cuello para satisfacer su curiosidad sin que la gravedad le pese (al estar apoyado en el suelo).
En lugar de llevarlo totalmente vertical (donde la cabeza suele "bailar" o colapsar sobre el pecho), lo llevas ligeramente inclinado. Observas que el bebé es capaz de separar un poco la cabeza de tu cuerpo para mirar un cuadro en la pared o tu rostro.
El bebé escucha tu voz, espera un momento (procesa la información) y organiza su tono muscular para girar la cabeza hacia ti y encontrarte con la mirada. No es un reflejo mecánico. Es el bebé usando su control cefálico para establecer una conexión. Si el bebé está estresado, el cuello se pondrá rígido (hipertonía); si está relajado y conectado, el movimiento será fluido.

