La propiocepción es el sentido que informa al cerebro sobre la posición de las partes del cuerpo y el esfuerzo muscular necesario para moverse. David Bueno lo denomina el "sexto sentido", fundamental para que la mente surja de la interacción con el cuerpo. Una buena integración propioceptiva permite al niño sentirse seguro físicamente, lo que disminuye el estrés.
Ves a tu pequeño chocarse con las esquinas o ser algo brusco al abrazar. A menudo no es torpeza, sino que su cerebro está ajustando su GPS interno. Actividades como el juego de mantas, los masajes o dejarle caminar descalzo por diferentes texturas son "combustible" para que su cerebro mapee con precisión cada centímetro de su ser.

El porcentaje más alto de horas en educación infantil debería dedicarse al movimiento físico para activar la plasticidad a través de la propiocepción.