
Comienza a estructurarse el sueño No-REM en diferentes fases diferenciadas (empezando a distinguirse el sueño ligero del sueño más profundo).
Se activa el reloj interno gracias a la maduración de la melatonina y la regulación de la temperatura corporal. El bebé empieza a consolidar periodos de sueño más largos por la noche y a sincronizarse mejor con los ciclos de luz y oscuridad. Los ciclos de sueño siguen siendo cortos (de unos 50 minutos), por lo que los microdespertares al finalizar cada ciclo siguen siendo muy frecuentes.
Imagina el caso de Laura, una bebé de 4 meses.
Hasta hace unas semanas (cuando tenía mes y medio), Laura se dormía a cualquier hora, de día o de noche, con el mismo nivel de profundidad y sin distinguir las luces de la casa. Sus padres notaban que dormía a trozos pequeños e impredecibles.
Sin embargo, a los 4 meses, la biología de Laura da un vuelco gracias al despertar de su ritmo circadiano y la maduración de su sistema nervioso: