
Desde la perspectiva de los referentes en crianza respetuosa, pediatría del sueño y antropología evolutiva (María Berrozpe, Dr. Gonzalo Pin, Dra. Rosa Jové y el antropólogo James McKenna), la mal llamada «regresión de los 4 meses» es en realidad un hito madurativo fundamental: la reorganización biológica en la que el cerebro del bebé adquiere la arquitectura del sueño adulto.
A diferencia de las modas de adiestramiento conductual, estos cuatro autores coinciden en que no se trata de un retroceso ni de un mal hábito, sino del salto evolutivo más importante en el descanso del ser humano.
Durante los primeros tres meses, el recién nacido solo tiene dos fases de sueño: sueño activo (equivalente al REM) y sueño tranquilo (sueño profundo). Por eso, cuando un recién nacido se duerme, entra directamente en un sueño profundo y resulta relativamente fácil moverlo o mantenerlo dormido largos periodos.
Alrededor de los 4 meses (con un rango entre los 3 y 5 meses), el cerebro madura e incorpora las fases que le faltaban para completar la estructura adulta (las fases NREM de sueño superficial 1, 2 y 3).
Al reestructurarse el ciclo:
Integrando la evidencia científica de nuestras fuentes:
Basado en la respuesta síncrona y fisiológica del "breastsleeping" (McKenna).
Para familias que optan por cuna adosada o acompañamiento alternado entre cuidadores.

Explica que estos despertares son mecanismos de protección cerebral frente a la muerte súbita y aseguran la nutrición emocional.