La predictibilidad es la base de la seguridad en el cerebro infantil. Un ritual de calma activa el sistema nervioso parasimpático y disminuye la producción de adrenalina, preparando al cerebro para la segregación de melatonina. La clave neurocientífica es evitar la luz azul de las pantallas al menos dos horas antes de dormir.
No hace falta un ritual complejo de dos horas. Un baño tranquilo, luz tenue, y un cuento corto le dicen al cerebro de tu hijo: "Estamos a salvo, el día ha terminado". Si una noche no puedes cumplirlo, no te culpes; la flexibilidad también es un aprendizaje, pero la rutina suele ser el ancla.

El ritual debe centrarse en la conexión emocional, no en la imposición rígida.