El cerebro del niño menor de 2 años no puede trasladar el conocimiento bidimensional de una pantalla al mundo tridimensional. Las pantallas emiten estímulos hiperrealistas que pueden causar una sobreexcitación del sistema de dopamina, reduciendo la capacidad de atención sostenida y frustrando al niño cuando el mundo real no se mueve tan rápido.
Parece que el bebé aprende colores con esa tablet, pero lo que realmente sucede es que su atención está "secuestrada" por la luz. Un niño aprende mucho más tocando una manzana roja real, oliéndola y sintiendo su textura que viendo cien manzanas brillantes en un vídeo.

Alerta sobre el estrés crónico que genera la tecnología en cerebros inmaduros.