Es la capacidad cognitiva de comprender que los objetos y las personas siguen existiendo aun cuando no se pueden ver, oír, tocar ni percibir a través de ningún otro sentido.
Para un recién nacido, el mundo funciona bajo la premisa de "si no lo veo, no existe". Cuando un objeto sale de su campo visual, este deja de existir en su mente. El desarrollo de la permanencia del objeto marca el paso de un estado puramente reflejo a la capacidad de generar representaciones mentales, lo que sienta las bases de la memoria, el lenguaje y el pensamiento abstracto (Mounoud, 2001).
Fue descubierta y teorizada por el psicólogo y epistemólogo suizo Jean Piaget durante la década de 1930.
Piaget llegó a esta conclusión mediante la observación detallada y sistemática de sus propios hijos en su entorno natural. En su obra fundamental La construcción de la realidad en el niño (publicada originalmente en francés en 1937), Piaget describió que esta habilidad no es innata, sino que se construye de forma gradual a lo largo de seis subetapas durante el período sensorio-motor (desde el nacimiento hasta aproximadamente los 24 meses de edad) (Castaño, 2005; Ortiz Soto, 2013).
La evolución de esta capacidad transforma la manera en que el bebé interactúa con sus cuidadores y su entorno doméstico. Se vuelve latente en tres escenarios clásicos: