El cerebro infantil experimenta una metamorfosis fascinante durante los primeros seis años de vida. Para entender por qué los niños se despiertan con frecuencia, es vital conocer cómo funciona su arquitectura cerebral nocturna.
Cada ciclo ultradiano se compone de diferentes fases que alternan el sueño No-REM (con sus estadios de sueño ligero a profundo) y el sueño REM (fase de movimientos oculares rápidos, vital para la maduración cerebral, la consolidación de la memoria y la síntesis sináptica). Los niños pequeños pasan un porcentaje mucho mayor de tiempo en sueño REM que los adultos. Al finalizar cada ciclo de 50-60 minutos, el cerebro experimenta un microdespertar fisiológico y adaptativo. Este mecanismo de supervivencia alerta al niño para comprobar que su entorno es seguro: si mamá o papá están cerca, el olor es familiar y no hay peligro, el niño vuelve a enhebrar el siguiente ciclo de sueño; si se encuentra solo en un entorno desconocido o amenazante, activará el llanto para reclamar la presencia de sus protectores (Jové, 2006).
